Experiencias maratonianas

Vamos a Correr - 21 de Mayo de 2010, 13:11 h

Quince vehículos y más de 300 personas estaban movilizadas para que nada fallase ese día. A las 5.15 de la mañana una avanzadilla se presentó en las oficinas centrales de la organización, situadas en la calle Alameda de Mazarredo.
El día invitaba a pocas alegrías; lluvia a jarros y una temperatura muy baja en relación al calor que había sacudido Bilbao en jornadas anteriores. En algo más de media hora, cinco voluntarios con el presidente de Bilboko Herri Maratoia a la cabeza fueron bajando los equipos informáticos, rollos de cinta, material de señalética y otros materiales necesarios en la logísticas de la prueba.


Foto: Archivo


El desfile de los madrugadores “estibadores” se mezclaba con cuadrillas de jóvenes que con el cupo de copas ya pasado en la mayoría de los casos, intentaban apurar la gaupasa en los abarrotados disco bares y pubs de la zona.
El vigilante, la oficina y gaupasa  

Enfrente del portal, donde se almacenaban losmateriales a la espera de ser cargados, un vigilante jurado que custodiaba las dependencias de una oficina de Correos no daba crédito a sus ojos y una duda lógica asaltaría su mente: ¿Serán capaces de desvalijar oficinas delante de todo el mundo?
Pese a la mirada incrédula del agente de seguridad, la afluencia de grupos de fiesta y los múltiples litros de agua que caían, Fernando –uno de los conductores de los camiones – pudo alcanzar el recinto y cargarlo todo con dirección a la zona de meta, localizada en la Gran Vía bilbaína.

La intuición en la oscuridad

En plena calle central de Bilbao les esperaba, además de una tribuna y varios baños químicos, un módulo repleto de objetos trasladados el sábado anterior. La lluvia que no cesaba, empezaba a incordiar en exceso.
Armados de paciencia fueron desalojando el habitáculo de cinco metros de largo por dos y medio de ancho, ya que la informática y el doping iban a convivir durante las más de seis horas que duraría el evento.
La oscuridad del día y la falta de luz en el módulo – la contrata encargada de conectar la corriente se lo tomó con mucha calma y apareció quince minutos antes del pistoletazo inicial – hizo que los voluntarios trabajasen por intuición a la hora de construir la infraestructura para la red informática y la médico encargada del dopaje.

Casimiro Nuevo y Ángel López

La experiencia del personal concentrado permitió subsanar los primeros obstáculos. Casi sin respiro, iba a dar comienzo la segunda fase con la llegada del personal sanitario, los voluntarios en su totalidad y sus correspondientes coordinadores. La aparición supuso un apoyo físico y psíquico para la madrugadora avanzadilla.
Desde ese momento los trabajos se dividieron y cada uno debía de conocer a la perfección el cometido ensayado en las múltiples reuniones realizadas. Por una parte, Casimiro Nuevo y Ángel López, responsables de dos de los grupos de trabajo, se afanaban en repartir a las personas en los puestos que iban a ocupar a lo largo del circuito.
Las preguntas típicas eran ¿dónde está esa calle? ¿ hasta qué hora me quedo? o ¿ quién me lleva hasta allí ?. El desconcierto inicial se saldó en cinco minutos.

Las zapatillas de Langat

Pero parecía que todo el mundo no lo tenía claro. A cuarenta metros del “cuartel general”  de la organización alguien se acercaba con cara de desesperación y balbuceando palabras en alto casi ininteligibles. Era Hassan, manager marroquí, que representaba al principal favorito, el keniano Langat, que debutaba en Europa con unos magníficos antecedentes de dos horas y trece minutos.

El magrebí soltaba chispas. Su pupilo había abierto la maleta y sólo tenía un par de zapatillas del pie derecho. No había tiempo que perder y la solución estaba, una vez más, entre los voluntarios. El rastreo les condujo a Lisbeth, coordinadora de la secretaría, que calzaba el número 38, a priori apto para el africano.
Lisbeth no se lo pensó dos veces y a riesgo de emular a las descalzas tribus aborígenes, le prestó los deportivos a Hassan con la advertencia de que al ser nuevos le podrían dañar los pies.

Cierre de la Gran Vía

El tiempo había pasado como una exhalación. Eran ya las siete y media de la mañana. Lo servicios sanitarios se encaminaron hacia los puestos de avituallamiento y los masajistas ante la persistente lluvia decidieron aprovechar los grandes soportales de una entidad financiera de la Gran Vía para instalar las camillas.

La preocupación en esos momentos ya no era ni siquiera la lluvia. La ausencia de las vallas – otra contrata que falló, aunque se presentó a las diez de la mañana – ocupó el primer plano en los cerebros de los organizadores.
La veteranía y la rápida improvisación permitió que la zona se acordonase con cinta porque la salida se echaba encima y era el momento de cortar el tráfico.

Olor a linimento y reflex

Los acontecimientos se desencadenaron a falta de media hora. Llegaron los camiones de Coca Cola, la Policía Municipal, los fotógrafos oficiales, los responsables informáticos, los vehículos de carrera y el grueso de los participantes.
Lo nervios y la tensión se entremezclaban en el ambiente, pero nadie perdió los estribos. El calentamiento de los atletas y el olor a linimento y reflex comenzaban a anunciar la hora de la verdad para los organizadores y participantes, porque todos habían preparado durante meses los 42.195 metros.

Soluciones a los flecos de última hora, coches y participantes en posición y sonó el estruendoso disparo de inicio. Como una exhalación salió Javier Conde, liebre de lujo, encargado de conducir a los corredores puntales hasta la mitad del kilometraje.

Conde, Zouak y Langat

A la estela de Conde enseguida se subió el marroquí Mohamed Zouak, otro de los que tenía mucho que decir. Ante la sorpresa del líder eventual, el keniano se quedó muy rezagado, lo que le obligó a marcar un asombroso kilómetro en 2.40 para conectar con el vizcaíno y el marroquí tras el despiste de los primeros metros.

El resto de la historia tuvo tres puntos muy diferenciados. El primero fue el abandono de Conde en e kilómetro 18, fatigado por el viento y la lluvia que hubo de soportar en todo momento.

El segundo y tercer capítulo lo escribieron Zouak y Langat. La diferencia que consiguieron sobre el resto de rivales, provocó que ralentizaran el ritmo, algo que hizo peligrar la plusmarca masculina, cuando su ruptura se daba por segura.

Récord masculino y excelentes cronos femeninos

A falta de ocho kilómetros  llego el desenlace definitivo. Zouak abandonó sin remisión a un Langat que pareció caer en una pájara con pocos visos de recuperación. El marroquí recuperó parte del retraso y cruzó la llegada en 2.15.48, es decir, dos minutos y doce segundos menos que el techo realizado en 1.993 por el palentino Francisco Villameriel, lo que suponía el nuevo techo del maratón bilbaíno.

Langat, con ampollas en los pies debido al poco uso de las zapatillas prestadas, finalizó en la séptima plaza con la consiguiente decepción general y el enfado de su manager.

El excelente nivel global de la competición se completó con doce fondista por debajo de las dos horas y media, marca conseguida en la primera edición por cuatro participantes.

En la categoría femenina, la gallega Esther Pedrosa hubo de “conformarse” con 2.41.03, veintinueve segundos más que los 2.40.03 de la plusmarca de la madrileña Josefa Cruz..

El listón fue muy alto también entre las féminas. Al igual que en 1.993, cuatro mujeres bajaron de las tres horas, lo que situaba al Maratón Internacional de Bilbao entre la élite estatal y europea a pesar del recortado presupuesto, respecto a otras capitales punteras.

Bolsa de Wall Stret

La larga retahíla de corredores iba llegando a meta. Los voluntarios perseguían a los ganadores para el correspondiente control antidoping; los masajistas aliviando la tirantez y la carga de los músculos de los participantes; los responsables de los autobuses enfrascados en las labores de guardarropa y vehículos escoba; la secretaría escupiendo clasificaciones; los jueces realizando las últimas comprobaciones; las azafatas iniciando el protocolo; los sanitarios abrigando a los recién llegados; los empleados de Coca Cola repartiendo bebidas isotónicas y agua, las motos de la Policía Municipal iban y venían…..Aquello se parecía a la bolsa de Wall Stret en una jornada de pleno auge.

Todo volvió a la normalidad a las 13 horas. En ese momento se cerró el control de llegada y la entrega de premios abrió el turno de las alegrías y las decepciones.
                                       
CURIOSIDADES:

En esta prueba se descalificó por dar positivo a Zouak; el keniano Langat, meses después y a las órdenes de un conocido manager realizó una de las mejores marcas mundiales del momento con dos horas y once minutos. Además, en esta prueba hizo su debú en maratón el campeón olímpico de marcha, el catalán Daniel Plaza.

Antón Larrazabal, entregó premios en una de sus últimas apariciones públicas; el entonces alcalde Josu Ortundo fue el último mandatario público que ha seguido la prueba en directo.

Ese año Euskadi tuvo la mayor densidad de maratonianos de calidad, entre otros José Antonio Rodríguez, Jon Salvador, Paulo Sagarna, Angel González, Rosa Natalia Domínguez, Fernando Zuluaga……   

 

Más noticias de atletismo | Foro de atletismo y carreras populares

 

    Comparte esta noticia: