Zierbena esprinta por la familia
SILVIA OSORIO | ZIERBENA. Lo importante no fue ganar, sino calzarse unas zapatillas y hacer al menos unos metros en compañía de los seres queridos. Con esa intención, más de medio millar de corredores de todas las edades se enfundaron ropa deportiva para participar en la Carrera Familiar de Zierbena, prueba que alcanzó su tercera edición con el mismo objetivo de siempre: conciliar la vida privada a través de una práctica deportiva sana y saludable.
La premisa básica de la iniciativa era hacer piña y lanzarse al 'sprint' todos juntos. Tíos, primos, hermanos, nietos y demás parientes llegados desde diferentes puntos de la provincia y todos ataviados con vestimentas para la ocasión, fueron acercándose a la salida, ubicada en el puerto pesquero de la localidad, desde primera hora de la mañana. Había ganas de empezar, aunque algunos requirieron una preparación previa. Una hora antes de que arrancara la carrera de 1,5 kilómetros, un monitor se encargó de dirigir la sesión de calentamiento y dar instrucciones a los menos expertos.
Allí, bien concentrados para realizar los ejercicios y estirar los músculos, estaban Satura Ruiz y su mujer, Margari Miguel, que participaron en la modalidad de pareja. «Ahora, los brazos hacia arriba, y luego, hacia abajo», le indicaba este jubilado de Barakaldo a su esposa. El matrimonio no las tenía todas consigo. Completar el recorrido era para ellos «todo un reto», pero les bastaba con ver corretear a sus nietos, que también se apuntaron al evento con sus padres. «Ellos sí llegarán a la meta. Nosotros lo intentaremos, aunque nos quedemos en la cola», bromeaban.
Otros como los Liñera-Mallea acudieron al desafío deportivo organizado por EL CORREO y patrocinado por Petronor, el Ayuntamiento de Zierbena, Coca-Cola, Max Center y Decathlon, engatusados por el cabeza de familia. A Aitor le apasiona el triatlón, disciplina que practica cuando sus tareas laborales se lo permiten, y el gusanillo se lo ha contagiado a su mujer, Bea, y a su pequeño Lier. «Le acompañamos a las carreras para darle ánimos, pero si son sencillitas como ésta también nos apuntamos. Al crío le encanta», explicaba la mujer. La prole de Pedro Yáñez y Esther Nocedal también demostró ser experimentada en estas lides. Sus hijos, Irene y Unai, de 10 y 8 años, practican atletismo en el colegio y ya apuntan maneras. Los críos se lo tomaron en serio. «Ayer se fueron sin rechistar a la cama para estar hoy con fuerzas», afirmaba su ama. Y tanto esfuerzo tuvo su recompensa. Esta familia baracaldesa regresó a casa con una de las cinco bicicletas que se sortearon después de la carrera. «Han dado cinco vueltas. ¡Se lo merecen!», aseguraba su orgullosa madre.
El alcalde de Zierbena, Marce Elorza, otro gran entusiasta del deporte, no se animó a ponerse las mallas, pero por los pelos. Se encuentra convaleciente de una reciente operación de hernia inguinal y todavía no está para muchos trotes. «Me ha dado pena porque cuento con los dedos de la mano los días que no he hecho ejercicio en mi vida», comentaba el regidor local mientras los primeros participantes cruzaban la meta.
Itziar Ibáñez y su hijo Jon fueron de los más rápidos. Llegaron segundos y no cabían en sí de alegría. «¡Misión cumplida!», le decía esta vecina de Algorta al crío, que no mostraba signo alguno de cansancio. Completó el kilómetro y medio del tirón. «¡Quiero otra vuelta!», le decía a su ama. Otros, como los hermanos Iker y Maider, llegaban en grupos más rezagados y sudaban la gota gorda. «Necesito agua. No puedo más», le pedía el pequeño a su padre en el tramo final. El progenitor le llevaba agarrado de la mano para tirar de él, pero ni por esas. «¡Vamos, que te vas a quedas atrás!», le espetaba.
Foto: P. Urresti
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