D. SÁNCHEZ-HARGUINDEY | VITORIA. Vitoria ya aguarda con ilusión el Campeonato del Mundo de Triatlón de larga distancia que se celebrará en parte del territorio alavés el próximo 29 de julio. Una cita única donde los mejores en la modalidad lucharán por superarse a sí mismos en los 4 kilómetros a nado, 120 en bicicleta y 30 a pie.
En la parrilla de salida, que se sumergirá rápidamente en el pantano tras el primer disparo, se entremezclarán distintas vivencias en relación a esta prueba tan dura. Deportistas de élite, valientes sin demasiado entrenamiento o personas deseosas de completar retos y de superarse a sí mismas conforman el abanico de participantes que optan por exprimir su cuerpo al límite en una prueba de exigencia máxima.
Entre los corredores que acudirán a la cita con la única meta de terminarla se encuentra Juanma Olivas, natural de Llodio. Su deseo no es otro que disfrutar de cada minuto en las numerosas horas que empleará hasta encarar la recta de meta. Su camino parecía dirigirse hacia el fútbol, pero una lesión de cartílago le alejó del deporte rey. Hoy en día, a sus 40 años quiere terminar su tercera prueba de larga distancia. Un "hobbie" que va mucho más allá.
El esfuerzo físico le aleja de un problema que le fue detectado hace unos años: trastorno bipolar. Su mejor medicina no es otra que agotarse físicamente. Además, el apoyo incondicional de su familia fue decisivo. Amurrio y Zalla, en Segunda División B, contaron en sus filas con este carrilero que a los 25 años colgó las botas. Una lesión degenerativa en el cartílago de la rodilla le dirigía hacia una vejez bastón en mano. "El fútbol no era mi camino", asume.
Su siguiente contacto con el deporte llegó una década después. Comenzó a probar con la bicicleta hasta que un día decidió que completaría un triatlón. Sucedió a raíz de observar un emotivo vídeo en el que un padre corre un triatlón empujando la silla de su hijo con parálisis cerebral y que ha animado a más de uno, además de emocionar a casi todos. Comenzó a entrenar y el Triatlón de Bilbao se convertiría en su primer paso en este entorno en 2010 y a los 38 años. Lo que Olivas vivió en esa primera experiencia superó sus expectativas. "Me encontré con gente muy sana y cercana, que siendo deportistas de élite derrochaban humildad. El ambiente era genial y había un compañerismo total. Me encontré realmente cómodo", asegura.
Un reto emocional
Tras esa positiva primera experiencia, el alavés acudió a la cita de Zarautz, donde comprendió los sinsabores que puede conllevar este reto. "En natación casi no me había entrenado. No pasé el corte y ahí acabó la prueba. Aún así, no me lo tomé mal. Comprendí la dureza de este deporte", recuerda.
Quince días después, la ciudad francesa de Niza albergaba un Ironman y Juanma deseaba despojarse de ese mal sabor de boca. Acudió a la llamada de su voluntad a pesar del intenso calor reinante en la localidad costera. "Era mi ilusión y me enfoqué en acabarlo". Vivió una de las mejores experiencias de su vida y percibió que ese sí era su camino. "Aparte de un reto deportivo es un reto emocional; para mí fue una experiencia vital. En todo momento tuvo un pensamiento positivo, tenía dolor pero iba feliz", asegura. Y es que comprendió que cuando el cuerpo no puede, la voluntad inquebrantable era capaz de relegar a un segundo plano el dolor y el cansancio. "La mente es muy poderosa, te hace no desfallecer", afirma.
De cara a su enfermedad percibió claras mejorías. Esto, unido a clases de biodanza, donde se expresaba a través del cuerpo, le sirvió para conocerse mejor. Su exceso de energía era su peor compañera de viaje. "Tengo demasiada energía tanto en el cuerpo como en la cabeza. Antes no la conseguía canalizar y mi pensamiento se disparaba. El deporte me ha servido para equilibrarme emocionalmente", confiesa, a la vez que detalla los beneficios que le genera el ejercicio físico. "Me proporciona bienestar y crecimiento personal y espiritual. Es una manera de conocerme apostando por mi desarrollo personal y potenciando lo que me hace bien".
Referencia para otros
Así, sin muchas horas de entrenamiento a sus espaldas pero con una fuerte convicción participará en la prueba Open del próximo Mundial. De este modo, da la cara para servir de ejemplo a otros. "Veo que puedo ayudar a otras personas que sufren problemas de este tipo; quiero mostrarme y compartir mi experiencia", relata.
Aunque eso no es todo. Su ilusión es volver a dar vida a la Asociación de Bipolares de Álava, que se disolvió por falta de personal. "Deseo reavivar ese proyecto. Que se sepa de los beneficios del deporte en esta enfermedad", comenta. De momento, ya cuenta con una idea para la prueba. "Me gustaría personalizar la bici y el casco con lemas de la asociación", dice. A su vez, imagina el final soñado en la prueba vitoriana: "Me encantaría llegar a la meta con mi hijo Iker, de cinco años, en brazos. Ojalá le coja el gusto a este deporte". Su cuarta prueba de larga distancia ya espera, aunque siente que tiene una deuda por todo lo que le ha ofrecido este deporte. "Mi sueño es correr el Ironman de Hawaii. Sé que funciona por clasificación, pero algún día espero poder estar allí", concluye.


